Madame Bovary de Gustave Flaubert

 




Madame Bovary, la magnífica obra de Flaubert, por la que se dio a conocer de a duro y la que le trajo muchos problemas también. El don fue hasta llevado a juicio por ella, pero la verdad es que dicha novela le dio la libertad a muchos escritores de su época para presentar temas tabú en sus obras.  Pertenece al realismo, un movimiento artístico del siglo XIX, caracterizado por ser un retrato de la realidad; se mostraba tal cual lo que sucedía con los obreros, los avances industriales, la pobreza, etc., y con esto se buscaba dejar una enseñanza en el lector, por lo que tienen un objetivo laico.

En los escritos del realismo abundan las descripciones, ya que, como mencioné antes, las obras de este tiempo se caracterizaban mayormente por retractar la realidad tal cual. Esta misma característica es la que hace a Madame Bovary molesta y difícil de leer, ya que, puede que con las descripciones tan meticulosas del autor, el lector se pierda y deba leer el mismo texto varias veces (cosa que no me pasó, nunca perdí el hilo de la lectura, pero me agobiaban tantas descripciones espaciales). No obstante, cuando entendí esto, le di mucho más importancia a esta obra.

Madame Bovary me atrapó desde el principio, específicamente por el personaje de Emma, mejor conocida como Madame Bovary. Es una mujer inteligente y en principio de su casa, quien luego de estudiar en un internado para mujeres vuelve a casa con su padre; se enamora de Charles, un doctor del pueblo, con quien espera conseguir la felicidad que tanto llegó a leer en las novelas eróticas que tenía a escondidas y que, lamentablemente le vendieron sueños. Cuando se ve en el matrimonio descubre que no sentía dicha felicidad que creyó sentir cuando estuviera en dicha situación: “y ahora no podía imaginar que aquella calma en que vivía fuera la felicidad que había soñado”.

Charles es un hombre trabajador, que entiende que es suficientemente cariñoso y comprensivo para su esposa, pero a Madame Bovary (Emma) eso le vale tres kilos de caca porque ella quiere frenesí, acción, pasión descabellada… Para no alargar mucho el asunto, la doña se entrega a vivencias un tanto cuestionables para la sociedad de ese tiempo y termina en acciones no tan favorables para ella y las personas de su alrededor.

Pd: Charles no era mal esposo, buscaba darle todos los gustos a su esposa, pero era un tanto monótono, brutico y ella quería adrenalina pura.



Se despide,
Audrys.

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